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En el Día Internacional de la Mujer
Cintya Silva Carrasco, Estudiante de Educación Diferencial. Vocalidad de Género y Derechos Humanos, FEUL

  10/03/2017  


En cierta forma, dada su importancia y lo que significa para las mujeres, la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora, debería ser una fecha estratégica donde podamos hacer un balance de lo que se ha logrado en relación a la equidad de género, pero también un llamado de atención a las desigualdades que según estudios, demuestran que las brechas son significativas, y de cómo hoy estamos resolviéndolas, en donde, siendo claros, el camino no es parejo ni mucho menos brinda las mismas oportunidades a los distintos sexos por igual.

Bajo esto último, es necesario poder hacer hincapié en lo que ya es una deuda histórica, hoy la consigna es, “si nuestro trabajo no vale, produzcan sin nosotras“ con un paro internacional, donde el llamado no es simplemente a no ir a trabajar, recordemos que las mujeres en muchos casos estamos en una situación de doble explotación, lo que indica que además de insertarse en el mundo laboral, deben hacerse cargo también de las tareas del hogar y de cuidado, por lo cual, imaginemos un día, donde las mujeres dejen de producir, ¿Sería la sociedad consiente de la desigualdad? ¿Podríamos al fin dimensionar la importancia y valor del trabajo femenino?

Exponer las múltiples desigualdades y violencias que vivimos las mujeres no parecen suficiente para poder hacer que tanto el mundo público como privado generen canchas más igualitarias tanto para hombres como mujeres, las brechas salariales, las dificultades de ascenso, ofertas de trabajo, y otras oportunidades de este tipo, siguen siendo condicionadas a las diferencias de sexo, donde muchas veces por estar en edad fértil o también el mismo hecho de estar embarazadas, no se nos considera para puestos de trabajo y frena también la posibilidad de conseguir mejores salarios, se nos juzga muchas veces por optar a no tener familia, pero se nos castiga por decidir tenerla, ¿Es acaso justo? Claramente, no lo es.

Siendo estas diferencias el resultado de una extensa naturalización de lo que es la aceptada cultura hetero patriarcal, que desde pequeñas nos forma, tanto a mujeres y hombres en roles de género que son aceptados moralmente para mantener un orden social, lo que a la vez se arraigan en lo más profundo de nuestras conductas y formas de entender la vida, y que lamentablemente culminan en violencias y desigualdades que desgastan las relaciones sociales y precarizan a parte de la población.

Siendo capaces de identificar sus orígenes, un claro ejemplo es la educación formal y la que se enseña en el hogar, como lo indican diversos estudios de género, las brechas entre géneros comienzan desde que a las niñas se les diferencia en la enseñanza de las matemáticas, en las que justamente se basan las profesiones mejor remuneradas, o en los hogares se naturalizan las tareas domésticas en niñas, entre otras agravantes como el embarazo adolescente y las diversas violencias físicas y psicológicas a la que se nos expone desde pequeñas, sin dejar de lado que estos roles también esclaviza a los niños en una masculinidad del más fuerte, lo que nos pone en veredas diferentes.

Por ello la relevancia de responsabilizar a la sociedad en su conjunto, pero en especial a aquellas conductas de odio y falta de empatía como lo son las demandas contras las violencias hacia la mujer, la ridiculización del movimiento feminista muchas veces deja entre ver que hay mucha falta de información, pero por sobre todo, capacidad de poder ponerse en el lugar de quienes hoy viven en carne propia las desigualdades de un modelo neoliberal que no da paso a la novedad de construir una sociedad que nos acepte como personas en igualdad de derechos.

Por eso, este día nos deja una lección, el poder remitirse a los orígenes de esta fecha, es decir, a las cientos de mujeres que fueron silenciadas con sus propias vidas, en el reclamo por un salario que les dignifique, a las que lucharon por tener un lugar en las ciencias, a las del movimiento sufragista, y cuantos movimientos más, nos da una lección de lucha a las mujeres que hoy, bajo las consignas del feminismo exponemos un abanico de desigualdades.

Por ello, no podemos olvidar, no podemos transar con nuestros derechos, razón por la cual esta fecha es conmemorativa y nos recuerda año tras año que seguimos siendo vulneradas y que debemos cambiar en un sentido estructural la sociedad, apostando a una donde vivamos la  igualdad de derechos y oportunidades, apostamos también a una sociedad capaz de respetar, de ser empática, de avanzar a otras formas de concebir las relaciones sociales, lo que hace aún más significativa la frase de Rosa Luxemburgo, donde logremos “un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres” y que cobra tanto sentido en tiempos donde las diferencias generan odios, pero también organización, hermandad, sororidad, amor entre mujeres, y donde los hombres desde sus espacios de inserción puedan empatizar y compartir con otros la importancia de concebir una sociedad más equitativa.

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